viernes, 10 de julio de 2009

CONDUCTA

El término conducta o comportamiento ha sido incorporado a la psi¬cología desde otros campos del conocimiento; fue ya anteriormente empleado en la química —y lo sigue siendo aún— para referir o dar cuenta de la actividad de una sustancia, un cuerpo, un átomo, etcétera. Posterior¬mente, Huxley lo introduce en biología para referirse también a las mani¬festaciones de la sustancia viva: célula, núcleo, etcétera; y Jennings, en psicología animal. En todos estos campos, el término se refiere al conjunto de fenómenos que son observables o que son factibles de ser detectados, lo cual implica la consigna metodológica de atenerse a los hechos tal cual ellos se dan, con exclusión de toda inferencia animista o vitalista. En la historia del concepto de conducta en psicología, tiene importan¬cia el artículo de Watson publicado en 1913, que inicia la corriente o escuela llamada Conductismo o Behaviorismo, en el que sostiene que la psicología científica debe estudiar sólo las manifestaciones externas (motoras, glandulares y verbales); aquellas que pueden ser sometidas a observación y registro riguroso, tanto como a verificación.
En el estudio del ser humano también se aplicó el término a todas las reacciones o manifestaciones exteriores, tratando así de que la investigación psicológica se convirtiera también sistemáticamente en una tarea objetiva, y —por lo tanto- la psicología en una ciencia de la naturaleza.
El término conducta, aplicado a las manifestaciones del individuo, tiene siempre la connotación de estar dejando de lado lo más central o principal del ser humano: los fenómenos propiamente psíquicos o menta¬les. Estos últimos serían realmente los fenómenos más importantes, dado que originan la conducta; y si estudiamos únicamente esta última, nos estamos ocupando sólo de productos y derivados, pero no del fenómeno central. Etimológicamente la palabra conducta es latina y significa condu¬cida o guiada; es decir, que todas las manifestaciones comprendidas en el término de conducta son acciones conducidas o guiadas por algo que está fuera de las mismas: por la mente. De esta manera, el estudio de la conducta, considerada así, asienta sobre un dualismo o una dicotomía cuerpo-mente. La mente tiene existencia de suyo y es el punto de origen de todas las manifestaciones corporales; según esta perspectiva, el cuerpo es solamente un instrumento o un vehículo del que se vale la mente.
Fue Watson el que promovió una de las escuelas que hicieron tambalear, aun más, el edificio de la psico¬logía clásica y que —de distintas maneras y con diferentes valores— aportó elementos que conducen a nuevas posibilidades de la psicología. Tolman dice que, indiscutiblemente, se habló de la psicología como ciencia de la conducta antes de Watson, pero este último transformó la conducta en "ismo".
Watson incluyó en la conducta todos los fenómenos visibles, objetivamente comprobables o factibles de ser sometidos a registro y verificación que son siempre respuestas o reacciones del organismo a los estímulos que sobre él actúan.
Las vivencias o fenómenos están constituidos por los pensamientos u opiniones que cada sujeto puede expresar. El término conducta se ha convertido así, en la actualidad, en patri¬monio común de psicólogos, sociólogos, antropólogos, sin que por este solo empleo se esté filiado en la escuela del behaviorismo; inclusive se ha convertido en un término que tiene las ventajas de no pertenecer ya a nin¬guna escuela en especial y de ser lo suficientemente neutral como para constituir o formar parte del lenguaje común a investigadores de distintas disciplinas, campos o escuelas.

Lagache define la conducta como la totalidad de las reacciones del organismo en la situación total. Reconoce en ella: 1) la conducta exterior, manifiesta; 2) la experiencia consciente, tal como ella es accesible en el relato, incluyendo las modifica¬ciones somáticas subjetivas; 3) modificaciones somáticas objetivas, tal como ellas son accesibles a la investigación fisiológica; 4) los productos de la conducta; escritos, dibujos, trabajos, tests, etcétera. Entonces adoptamos, como punto de partida para el estudio pertinente, las definiciones que da este autor sobre conducta, como "el conjunto de respuestas significativas por las cuales un ser vivo en situación integra las tensiones que amenazan la unidad y el equilibrio del organismo"; o como "el conjunto de operaciones (fisiológicas, motrices, verbales, mentales) por las cuales un organismo en situación reduce las tensiones que lo motivan y realiza sus posibilidades". En el ser humano este conjunto de operaciones tiene una estructura muy compleja que iremos distinguiendo en el curso de nuestra exposición.

Desde antiguo se reconocen en el ser humano dos tipos distintos de fenómenos, a los que pueden reducirse todas sus manifestaciones. Uno es concreto, aparece en el cuerpo y en actuaciones sobre el mundo externo; aunque nunca puede existir una acción sobre un objeto sin que conjuntamente ocurra una modificación o movimiento del cuerpo, puede suceder que uno u otro sea, en momentos distintos, lo más importante. Así, consideramos una conducta concreta corporal cuando se trata, por ejemplo, del enrojecimiento o palidez de la cara, mientras que calificamos de conducta concreta en el mundo externo a, por ejemplo, concurrir a un sitio, conducir un automóvil, aunque para ello se necesite lógicamente de las modificaciones corporales; otro tipo de conducta incluye todas aquellas manifestaciones que no se dan como acciones materiales y concre¬tas sino de manera simbólica; estas últimas son los fenómenos reconocidos como mentales.

Siguiendo a Pichón Riviére, representamos los tres tipos de conducta como tres círculos concéntricos y los enumeramos como uno, dos y tres, que corresponden respectivamente a los fenómenos mentales, corporales y los de actuación en el mundo externo. El mismo autor, estudiando muy detalladamente este esquema y su dinámica en psicología y psicopatología, ha llamado a estos círculos Tres Áreas de la conducta.
Mowrer y Kluckhohn refieren que los psicólogos se hallan polarizados fundamentalmente en dos grupos: los mecanicistas y los finalistas (teleo-ogistas); para los primeros los estímulos producen movimientos y centran estudio en esta relación, mientras que los finalistas están interesados por el estudio de la relación entre los movimientos del cuerpo y los efectos resultantes. Los autores nombrados integran esta divergencia en un esque¬ma único de estudio.
La conducta siempre implica manifestaciones coexistentes en las tres áreas; es una manifestación unitaria del ser total y no puede, por lo tanto, aparecer ningún fenómeno en ninguna de las tres áreas sin que implique necesariamente a las otras dos; por lo tanto, las tres áreas son siempre coexistentes. El pensar o imaginar —por ejemplo— (conductas en el área de la mente) no pueden darse sin la coexistencia de manifestaciones en el cuerpo y en el mundo externo y —respectivamente- también a la inversa.
Toda manifestación del ser humano se da siempre en el nivel psicológico, y es por lo tanto factible de ser estudiada por la psicología, tanto si se trata de una manifestación mental como corporal (movimiento, gesto, tic, etcétera) o en el mundo externo. De la misma manera, en cualquier área la conducta implica siempre la participación indefectible del cuerpo y del mundo externo. Una conducta en el área de la mente, por ejemplo el pensar, debe ser estudiada tanto por la psicología como por la biología y la sociología: hay una psicología del pensamiento, una biología y una sociología del pensamiento. Una conducta en el área del cuerpo también debe ser estudiada por las tres ciencias; así, hay una psicología del gesto, una biología del gesto y una sociología del gesto. Una conducta en el mundo externo sigue las mismas exigencias; hay —por ejemplo— una sociología de la movilidad social, tanto como una psicología y una bio¬logía.
La conducta es una unidad que tiene una triple manifestación fenomé¬nica, en cuanto se da al mismo tiempo en las tres áreas, que son así siempre coexistentes, aunque con un predominio relativo en alguna de ellas, lo que nos permite calificar la conducta como mental, corporal o en el mundo externo. Pero este predominio es relativo, en el sentido de que puede alter¬nar o sucederse con el predominio en otra de las áreas. Se puede, por ejem¬plo, reaccionar con ansiedad frente a una situación dada (área de la men¬te); posteriormente, en otro momento, puede ceder totalmente esta mani¬festación y aparecer en su lugar palpitaciones (área del cuerpo), o bien ser ambas reemplazadas por una conducta inestable en una actividad (área del mundo externo). Esta alternancia puede hacerse en todas las direcciones y tener siempre el mismo significado, es decir, ser una misma reacción (ansie¬dad) a una situación dada. Pero en esa alternancia o sucesión de las áreas puede haber una progresiva modificación del sentido de la conducta: a las manifestaciones en el área uno, puede suceder una conducta en el área tres, que modifica la situación y a su vez modifica, ulteriormente, la conducta en el área uno.
La alternancia del predominio puede significar un proceso estereoti¬pado, como en el caso de que el significado de la conducta sea siempre el mismo, o bien puede ser un proceso dialéctico, como en el caso del pensar y realizar en concordancia; a su vez la realización modifica el pensar, y así sucesivamente.
Por otra parte, el predominio de una de las áreas puede ser permanen¬te, en el sentido de que las otras dos están muy poco desarrolladas o no se emplean como áreas de expresión de la conducta. Sobre esta base se puede estructurar o construir una verdadera tipología que, por otra parte, coinci¬de con tipologías o clasificaciones de la personalidad, ya desarrolladas por otros autores.
Puede suceder que las manifestaciones de las tres áreas coexisten en forma relativamente equivalente, de tal manera que todas tienen el mismo sentido o constituyen una misma reacción a una situación dada. Es el caso en que se dan al mismo tiempo los tres tipos de reacción.

Relaciones
Si tomamos del texto la definición del término “conducta” como acciones conducidas o guiadas por la mente, se puede hacer una relación con que en una clase, el docente explica ciertas pautas de trabajo que ayudan a guiar la conducta del niño. De esta manera los niños procesan en su mente, estas pautas de trabajo, y simultáneamente, gracias al trabajo dicotómico cuerpo-mente pueden llevar a cabo ciertos comportamientos conductuales como respuestas a las demandas del profesor.
Otro punto que puede ser útil para que un docente lleve adelante una clase es en una situación de evaluación, donde se manejan tensiones por parte de los alumnos, y del docente. Estas tensiones tienen que ver con los nervios de los estudiantes, la ansiedad, etc, que se manifiestan en ciertas conductas como sudoración, elevan el tono de voz, se tensionan los músculos. Estos puntos deben ser considerados por el profesor para poder manejar de la mejor manera estas situaciones. La conducta del docente debe ser adecuada a una evaluación.
Considerando que las tres aéreas de la conducta son coexistentes y no se manifiesta una, sin afectar a las otras dos, el docente debe estar atento a todo lo observable en los gestos o actitudes de los alumnos, como también del ambiente en donde se llevan a cabo estas conductas. De este modo se le facilitara dictar una clase, sabiendo que con un gesto o un movimiento corporal puede deducir lo que sus alumnos piensan.
Es importante que el docente tenga en cuenta que muchas veces hay alternancias en el predominio de una de éstas áreas, por ejemplo cuando se le pide a un alumno que resuelva una consigna, el mismo debe pensar en la respuesta y consecuentemente dar una solución. Esto es un proceso dialectico, que luego tendrá efectos en el exterior (el pensar del docente).

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