Cultura y Escuela (Cullen)
Hay preguntas importantes que hacerse respecto a la enseñanza: ¿qué tiene la escuela para dar? ; ¿cómo es? ; ¿qué es construir la igualdad desde la escuela? – vemos que, al calor de estos interrogantes, revisamos los procesos de transmisión, apelamos a la confianza como base fundamental del vínculo pedagógico; volvimos a las infancias y nos centramos en la enseñanza como tarea central de la escuela.
Dijimos que el nuestro es un oficio de palabras, con las que nombramos al mundo y también nosotros somos nombrados en él. Y aquí, volvimos a mirar a la escuela y a esa responsabilidad fundamental, la de “pasar” palabras, la de poner palabras.
Planteamos que hay un “cuidado” que tiene que ver con lo que hace la escuela específicamente: abrir horizontes, ver y conquistar otros mundos posibles.
El profesor Cullen nos hizo parte de una historia de la que somos herederos, en ese espacio “de todos”, que nos habló de la pertenencia (y de la exclusión); de la identidad (y de la diferencia), de la memoria y de la narración.
En ese mismo relato del pasado-presente hubo apuesta al por-venir.
Cullen propuso resistir con inteligencia al pensamiento único, al vaciamiento de sentido; resistir al vaciamiento de saber en la escuela. Dijo, la escuela no puede renunciar, ni negociar lo que la define, la escuela, fundamentalmente, enseña.
En otros lugares, Cullen se refiere a la dignidad de la escuela, al reconocer la dignidad del hombre, de todos los hombres, precisamente porque educa.
Frente al escepticismo y la tristeza ¿puede la escuela poner esperanza y alegría?
Justamente aquí, es donde la dignidad de la escuela nos recuerda nuestra propia dignidad. Justamente aquí la escuela es digna, cuando resiste al vaciamiento de sentido; cuando ofrece alternativas; cuando “hace lugar”, cuando es espacio -de transmisión- cultural.
La escuela “hace lugar” a los niños, cuando el vínculo pedagógico descansa en la confianza, cuando en el punto de partida, la escuela, hace lugar a todos por igual al asumir la responsabilidad de su educación, al garantizar la distribución igualitaria del conocimiento.
Qué hacer, qué decir... cuando los chicos de diferentes maneras nos hacen saber que están solos y que solos no pueden.
Meirieu habla de los niños murciélagos, los chicos de este tiempo que viven en un mundo sin referencias e intentan desesperadamente hallar refugio en los recovecos de un universo en el que los adultos que giran a su alrededor no les dejan espacio. Sentados en un rincón del patio escolar, en una esquina pidiendo moneditas. Los niños murciélagos se arremolinan para sentirse menos solos.
Este es un lugar que pensamos para la escuela, un acompañar, un “acto”, a través del cual los hombres permiten a sus hijos vivir en el mundo. Educar es un movimiento nunca acabado que consiste en hacer sitio al que llega y ofrecerle los medios para ocuparlo.
• Un lugar para la alegría en la escuela.
Snyders dice que para dar alegría a sus alumnos pone la esperanza en los contenidos culturales. La fuente de alegría de los alumnos, no la busco en los juegos, ni en las relaciones simpáticas entre maestros y alumnos ni en eso de la autonomía o la libre elección. Tampoco renuncia a esos valores pero señala que cuenta con encontrarlos más como consecuencias que como causas primeras.
- Y ¿consecuencias de qué?
Es una alegría que resulta del aprender, del enseñar y del poder comprender la historia de la que somos parte.
Inscribir a los nuevos, a los que llegan y -en ese acto de transmisión - hacerlos parte, pasarles unas unas herramientas para que puedan actuar justamente, con responsabilidad y libertad.
La transmisión así planteada es un acto de pasaje, algo se da, se pasa, se ofrece.
Transmitir para que el que recibe pueda ser y hacer con libertad, con responsabilidad y cuidado. Cuidado de uno pero también cuidado de los otros y cuidado del mundo, de lo que los hombres como colectivo, como humanidad, hemos construido.
Enseñar es desarrollar una inteligencia formal capaz de resolver problemas matemáticos de la vida cotidiana, por ejemplo. Pero enseñar es, también, desarrollar una inteligencia histórica capaz de discernir en qué herencias culturales se está inscrito. Y esta búsqueda identitaria es también y básicamente una interrogación sobre los orígenes ¿de qué cultura, de qué historia cultural, religiosa, social soy heredero?
Si miramos el lugar de la música, el cine, los juegos, la TV, las matemáticas, las lecturas, los deportes, las escrituras, en cuanto contribuyen al desarrollo de una inteligencia formal y en cuanto contribuyen también al desarrollo de esa inteligencia histórica.
Beatriz Sarlo , en una entrevista marcaba una posición que compartimos: “una sociedad más democrática sólo se puede construir sobre un reparto más equitativo de bienes simbólicos. Estos, sin duda, circulan en los medios de comunicación de masas pero su circulación más eficaz y más duradera tiene que ver con la implantación de ciertos hábitos que solamente puede hacerse desde la institución escolar.
Educar es así, introducir a un universo cultural. Un mundo en el que quedan algunas “obras” a las que es posible remitirse, a veces tan solo para asignar palabras, sonidos o imágenes a aquello que nos atormenta, tan solo para saber que no se está solo.
Reconocerse y decirse en la obra de los otros – toda forma de expresión cultural - que finalmente habla de nosotros.
Mirar-nos y reconocer-nos parte de una cultura que nos cobija, que nos contiene y al mismo tiempo poder “hacerla”, decirla; nombrarnos y nombrarla.
Este es lugar que pensamos para la escuela cuando la decimos, la nombramos como espacio de transmisión cultural.
La escuela se inscribe en la cultura y a la vez produce cultura, la escuela “lee” la cultura y a la vez la “escribe”; por eso, es que en este sentido y en este marco proponemos la documentación de experiencias educativas.
Cada propuesta, cada situación de exposición - de documentación- escrita, visual, auditiva implica un circular de saberes del cotidiano escolar que se sostiene y despliega en las aulas, en los vínculos que se construyen adentro y con otras escuelas, con la comunidad.
Dar a conocer, ofrecer o descubrir mediante relatos, voces o imágenes ese saber transmitido, re-construido o re-creado en las escuelas, es decir, hacerlo público, es por un lado hacerlo de todos. Y por otro, es un acto de responsabilidad que la escuela asume frente a una comunidad que sigue depositando en ella la confianza.
Así proponemos las narrativas, los dibujos, las pinturas, el teatro, la música, los juegos, los videos, las películas... como esos modos diferentes y especiales a los que los hombres acudimos históricamente para contar-nos lo que somos, lo que nos pasa, lo que queremos, lo que deseamos, lo que imaginamos.
La cultura y la mente
La cultura es una compleja totalidad que incluye el conocimiento creado, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y otros hábitos. Además incluye las pautas aprendidas de acción, sentimientos y pensamientos.
Las sociedades tienen ciertas pautas compartidas, explicitas o implícitas, algunas de las cuales son leyes. Son pautas transmitidas de una generación a otra.
Actualmente existen dos perspectivas del funcionamiento de la mente: una computacional y la otra culturalista. La primera corresponde a la información como un código, no a la información ambigua sobre el mundo. Se compara la educación a la programación de un PC. La mente funciona condicionada a las herramientas con las que cuenta. La perspectiva culturalista, considera a la realidad atravesada por el simbolismo. Un modo simbólico transmitido, conservado generacionalmente y compartido por una cultura. Los significados de las cosas están en la mente del hombre.
La creación del significado supone situar los encuentros con el mundo en sus contextos culturales.
Relaciones
Para el docente es importante saber que en el acto de enseñar, tiene la responsabilidad de transmitir cultura. El alumno, con ayuda del profesor, puede recurrir a su pasado para encontrar sus raíces culturales. Así podrá identificarse, y proyectar hacia un futuro.
El docente podrá valerse de ciertas herramientas como videos, TV o textos que contengan impresa de alguna manera esa cultura, o esos valores que cada alumno podrá adaptar a su propia historia.
Conocer las maneras más pedagógicas de llegar a los alumnos, implantando la confianza y haciéndoles saber que no están solos. Hacerles saber que pertenecen a una cultura, que forman parte de una historia.
El docente debe utilizar ese espacio reconstruido y re creado en la escuela, donde se deposita la confianza de una comunidad respecto a la educación.
También es importante que el docente sepa que al enseñar, les da a sus alumnos la capacidad de ser y hacer, con libertad, cuidado y responsabilidad.
El docente debe tener en cuenta la realidad que se vive en la escuela como una realidad simbólica, donde los pensamientos y los hechos cotidianos son parte de la cultura de la sociedad en que se vive. Manejar ciertos simbolismos y no otros, puede ser productivo para obtener la construcción y transmisión de una cultura, que aspire a tomar partido a lo bueno de la sociedad.
viernes, 10 de julio de 2009
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